sábado, 17 de septiembre de 2011

Sí tuviera que decir adiós...

Sí tuviera que decir adiós, comenzaría agradeciendo. Primero a mi familia, esa que siempre está para mí, que me empuja hacia adelante y me sostiene justo antes de caer. A mis amigos, por hacerme pasar tantos momentos divertidos, por desatar un poco más mi locura, por dejarme comer chocolate aunque me ponga loca. Y a mis más que amigos, a mis hermanos, no de sangre pero si de corazón, a ellos unas infinitas gracias por haberme soportado en los momentos más difíciles y por hacerme aprender tanto de mi misma, un poco cada día.
Sí tuviera que decir adiós, tomaría mi tiempo y dejaría de guardar secretos. Contaría todo aquello que está guardado en mi corazón hasta quedar transparente. Iría por ahí divulgando todo de mí, contándole a cada persona un poquito de mi vida, compartiéndola y dejándoles guardarla para siempre. Lloraría como nunca lo he hecho y me desharía de todo sentimiento que pudiera estar escondido en el fondo de mí.
Sí tuviera que decir adiós, por fuerza tendría que viajar. El último viaje, el último vuelo, la última oportunidad de comer algo nuevo, la última oportunidad de conocer otro pedacito de mundo. Aceleraría mi ritmo de vida e intentaría experimentar lo más que me fuera posible.
Sí tuviera que decir adiós, haría cartas, muchas cartas. En ellas me tomaría el tiempo de despedirme un poco más, nunca terminaría, pero al menos intentaría hacerlo. A la par tomaría fotografías a lo que pudo alguna vez hacerme feliz, y dejaría todo junto donde alguien algún día pudiera encontrarlo y recordarme.
Sí tuviera que decir adiós, buscaría alguna forma de dejar mi marca. De guardar en el mundo, aunque fuera por un momento, la evidencia que diría que alguna vez existí.
Sí tuviera que decir adiós, cantaría y bailaría. La música es y siempre será uno de mis motores, de mis desahogos, de mis placeres, así que me despediría de ella como es debido.
Pero si en realidad tuviera que decir adiós, no sabría por dónde empezar. Es por eso que agradezco estar aquí hoy, tener la oportunidad de seguir aprendiendo, tener tiempo aún para descubrir las cosas que la vida me guarda y por sobre todo, conservar la posibilidad de decirle a una que otra persona cuan importantes son para mí.
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Creo que no llego a expresar todo lo que quiero con esta entrada, pero tenía al menos que intentarlo. La verdad es que suena un poco triste este tema, es algo que jamás me había puesto a pensar y que, cuando lo hice me sorprendí bastante.
¿Qué harías tú si tu reloj se detuviera mañana? ¿En una semana? ¿En un mes? Cuando lo piensas con detenimiento te cae el veinte de lo importante que es vivir cada día como el último, de que hay que aprovechar cada segundo, cada respirar en esta vida... Porque la vida es corta, eso no podemos cambiarlo. Pero ¿qué podemos hacer para que valga la pena?
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Hasta la otra, pasen una bonita semana!

jueves, 1 de septiembre de 2011

Dímelo

Dime que soy un desastre. No me mires a los ojos siquiera y dímelo. Imagina que hablas con la pared, una firme que resistirá y jamás se vendrá abajo.

Grítame. Grítame que debo dejar mis fantasías, que debo poner los pies sobre la tierra y comenzar a vivir la realidad. Destruye mis sueños. Escóndelos, apártalos de mí. Intenta hacerme ver de una manera diferente, ver con tus ojos y probar tus ideas.

Haz de mi mente tuya. Hazme darle vueltas a mis propios pensamientos, hazme cuestionarlos, cuestionarme.

Resiste. Resiste mis lloriqueos, dime que las lágrimas de cocodrilo no me van más, que he crecido. Recuérdame todo aquello que quiero olvidar, todos mis errores, y hazme revivirlos. ¿No es acaso que me lo merezco?

No lo entiendo ¿verdad? Tendrás que hablarme claro, directo. Ser como el hielo: frío… No, gélido. Tendrás que ser inmune a mí y mis sentimientos.

Convénceme. Convénceme de lo débil que soy, de lo fácil que es pasar por encima de mí y luego arrojarme al olvido. De lo fácil que resulta lograr que confíe, de lo difícil que me es decir no y de lo sencillo que a ti te resulta usarme.

Y así, cuando esté con mi autoestima por los suelos, con la vitalidad desvanecida y completamente decepcionada de quien soy, será solo entonces cuando recogerás las piezas de lo que antes fui y con mucho cuidado las pondrás cada una en su lugar. Te irás y desearas con todas tus fuerzas que mañana, yo esté de nuevo ahí, lista para soportar tu peso y dispuesta a no dejarte caer jamás.

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¿Dramático? Sí, un poco. Pero para mi fue simplemente el único desahogo que se me ocurrió. Gracias, por estar aquí, el saber que alguien quizá algún día lea esto me hace sentir escuchada.

Los amo, en serio, yo simplemente no sé en donde estaría ahora sin mi blog.

Ciao Regazzi!

Y no me hagan caso, yo solo pretendo no volverme loca.